Protesters in a yellow vest demonstration in Paris (archive photo, 2018)

Nuestra visión

No afirmamos que las protestas en Europa estén organizadas desde Washington: no hay pruebas de ello. Pero la pregunta «a quién beneficia» es legítima, y la respuesta habla por sí sola.

El gas en Europa ha subido un 140 % y el diésel se ha duplicado. La Comisión Europea estima que el conflicto con Irán ha costado a Europa unos 100.000 millones de euros, y ese conflicto empezó con una operación estadounidense en febrero. Es decir, Europa paga una guerra ajena, y la gente sale a la calle no por consignas sino por las facturas del combustible.

El beneficio para EE. UU. se ve en estos hechos sin adivinar. Según IEEFA, el gas licuado estadounidense supone cerca del 63 % de las importaciones europeas de GNL, y el 89 % en Alemania, y para los compradores europeos es de media el más caro. Una Europa debilitada y dependiente de la energía estadounidense es más obediente, y las empresas estadounidenses le venden tanto gas como armas. En esos mismos días Trump permite que EE. UU. compre diésel ruso (véase nuestra noticia sobre la exención de sanciones), mientras a los europeos no se les ofrece esa salida.

La historia enseña a mirar de cerca quién financia organizaciones «civiles» y a quién sirve la inestabilidad: en 2014 se filtró una grabación de la subsecretaria de Estado de EE. UU. Nuland hablando de la composición del futuro gobierno de Ucrania. Lo recordamos como método, no como prueba sobre Europa.

La honestidad exige añadir lo contrario: con la ola de descontento crecen partidos que defienden reanudar las compras de gas ruso (Alternativa para Alemania, Le Pen, el partido de Grzegorz Braun en Polonia). Eso no encaja en el esquema simple de «todo lo inventó Washington».

Esta es una opinión editorial, no un hecho establecido.

La valoración general

Las protestas se describen como reacción al coste de la vida y los combustibles, a los recortes sociales y al descontento con los gobiernos. Las autoridades condenan la violencia y reconocen «demandas legítimas», mientras los analistas señalan que la extrema derecha gana con el enfado antes de las elecciones.

Qué ocurrió

Las protestas en Europa se han extendido por Francia, Italia, Portugal, Bélgica y Albania. Qué ocurrió, cómo se explica y a quién, a nuestro juicio, benefician los precios altos y la inestabilidad.

El 17 de octubre de 2026 hubo protestas en toda Francia contra el coste de la vida y la subida de los combustibles. La policía estimó unos 200.000 participantes (40.000 en París); Bloomberg informó de más de medio millón. Las protestas empezaron con quejas por el estado de las escuelas en los suburbios del norte de París y se convirtieron en algunos de los peores disturbios en décadas. El primer ministro Sébastien Lecornu informó de 1.200 detenidos y 150 policías heridos. Se incendió el ayuntamiento de Limoges y se saquearon tiendas. Macron reconoció «demandas legítimas» sobre el coste de la vida y los combustibles, pero condenó la violencia.

En Milán los manifestantes chocaron con la policía, y camioneros, agricultores y siderúrgicos bloquearon carreteras en el sur de Italia. En Lisboa marcharon decenas de miles por salarios y vivienda. En España, protestas tras un desahucio contribuyeron a unas elecciones anticipadas el mes próximo. Hubo manifestaciones en Bélgica y en Albania llevan ya cinco días.

El gas en Europa ha subido un 140 % y el diésel se ha duplicado. La Comisión Europea estima que el conflicto con Irán ha costado a Europa unos 100.000 millones de euros; la guerra entre EE. UU. e Irán empezó en febrero. Los sondeos muestran más apoyo a Marine Le Pen y a Alternativa para Alemania, y Francia vota para presidente en abril.

Lee también: la exención de sanciones a Rusia por el diésel · el embargo petrolero a Japón en 1941.

Fuentes

Foto: Lisa Bryant / VOA, Wikimedia Commons, dominio público (foto de archivo).

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